Lençois Maranhenses: un mar de agua y dunas en Brasil

en Junio 8 | en Bloggers by Lumix G, Bloggers por el mundo | por | Sin comentarios

Esta vez, nos vamos a saltar Fernando do Noronha para descansar un poco de tanto mar y lo dejamos para el próximo capítulo.

En este, nos perdemos en el desierto, bueno, desierto de dunas con agua, bueno, un mar de agua y dunas… Los increíblemente bellos Lençois Maranhenses del nordeste de Brasil.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Esta vez no andaba solo, mi amiga Sofía se “acercó” desde Paraguay para disfrutar de sus vacaciones por los Lençois y otros rincones de Maranhao.

El adolescente pueblo de Barrerinhas es el que gana la partida a otros y hace de puerta y puerto base para viajeros y turistas que quieren lanzarse a la aventura de las olas de arena blanca y aguas cristalinas.

Nos hospedamos en la fantástica pousada Encantes do Nordeste, que al igual que el pueblo, reposa la orilla del río Preguiças.

Tenemos la sensación de despertar en mitad de la selva, pues la pousada está perfectamente integrada en la vegetación y además estamos instalados en uno de sus eco-chalets.
Disfrutamos de un rico café da manha, rica tapioca y frutas exóticas para un europeo como yo, y nos lanzamos pronto a la aventura. Nos pasan a buscar en jeep los chicos de Ecodunas que nos van a llevar y guiar a través de la vegetación, ríos, lagunas y serpenteantes caminos hasta la tierra prometida.

El viaje es excitante y aventurero, el agua llega hasta la ventanilla de los jeeps cuando atravesamos las pozas que ya anuncian la cercanía de los Lençois.

 

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Casi sin darnos cuenta estamos allí, justo donde empiezan las 150.000 hectáreas de parque natural, una monstruosidad que ya se puede apreciar por las grandes dunas que tenemos ante nosotros y desde las que empezamos a contemplar las grandes lagoas que hay entre ellas y las millones de dunas más allá.

Lagoa Verde o lagoa Preguiça (para los perezosos que no quieren andar tanto), son los nombres de las que tenemos cerca y nos dan la bienvenida, y son enormes. Más hacia el interior hay de muy pequeñas casi como piscinitas para dos personas, también hay con vegetación o sin y de distintos tonos de azules y verdes turquesas, al gusto del consumidor. 

Tras las explicaciones de la guía, que nos cuenta como el agua dulce de la lluvia (muy presenten en esta zona de Maranhao en esta epoca) va llenando las lagoas quedando varios meses visible, limpia y dulce hasta que lentamente se va filtrando o evaporando en la época más seca, disfrutamos de un giño/permiso para ir a explorar por nuestra cuenta los alrededores sin alejarnos demasiado.

Mientras el gran grupo disfruta de la lagoa azul, Sofi y yo nos adentramos en busca de rincones solitarios de paraíso.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Nos es fácil encontrarlos pues todo es realmente bello, esa arena blanca bajo el cielo gigante del continente, esas piscinas impolutas, esos colores turquesa de paraíso son un festín para la lujuria del viajero.

Quedamos enamorados y nos resistimos a volver al jeep cuando nos pasan volando las horas de baño en duna, de duna en lagoa, y de lagoa a sonrisas y de sonrisas en fotos.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Justo cuando nos disponíamos a ver la puesta de sol, un chaparrón típico del nordeste nos deja sin guinda al pastel, pero tenemos más días y lo volveremos a intentar.
Regresamos a la hermosa pausada para dejarnos caer al encanto de sus hamacas mientras espero que este mes de “turisteo” no me malacostumbre cuando regrese al “duro” día a día del nómada cicloturista.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Al día siguiente, Ecodunas nos ha preparado un recorrido en lancha por los 45km del rio Preguiças hasta su desembocadura en el pueblo de Atins, pasando por los pequeños Lençois y por el farol de Mandacarú.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

El río esta en su 98% en estado salvaje, intacto, solo algunas casas cerca de Barrerinhas y algunas aisladas cabañas de pescadores, todo vegetación y manglar, solo nos cruzamos con alguna barca de pescadores o habitantes que suben y bajan como hojitas por la corriente. Podemos ver como cambia la vegetación de las palmeras en la zona dulce a los manglares de la parte más salada.

Los pequeños lençois aparecen en una esquinita del Preguiças sin avisar, son menores en superficie pero no en belleza, casi que nos gustan más. El color del agua es increíble y los disfrutamos en solitario pues vamos en horario distinto al de la mayoría gracias al compincheo de nuestro guía.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Y otra vez nos tienen que sacar de ahí arrastras. Vamos rumbo al imponente farol de Mandacaru (también llamado Preguiças) desde el que podemos contemplar todo el entorno, llegando a ver el inicio de los lençois, el mar o todo el recorrido del rio.

Mandacaru, es un pueblecito de pescadores que nos tienta con pescaditos, agua de coco y licores de todo tipo.

Tras morder algún anzuelo y gastar algún giga de la tarjeta de la cámara, nos dejamos caer hasta el pueblito de Atins, que nos enamora primera vista con sus calles de arena y su calma bienvenida. La pousada Jurará nos esta esperando junto con la simpatía y hamabilidad de sus recepcionistas que nos cuentan como entrar a los Lençois sin necesidad de 4×4 andando por la vera del río cuando la marea esta baja. 
Al día siguiente, tras el delicioso cafe da manha de costumbre, nos vamos bien pronto al “paseo” de tres horas de ida hacia el canto de Antis, donde empiezan el parque natural.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Ya disfrutamos mucho de las sorpresas y paisajes del trayecto pero al llegar nos quedamos boquiabiertos. Supera la belleza del primer y segundo día.
Estamos solos ante un paisaje que dejaría a cualquier diccionario sin adjetivos. El día, con mucha luz pero también con nubes tormentosas que lo rompen, nos regala tonos perfectos y fotos de postal a cada clic. 
Unas cabras nómadas dan un toque más surreal si cabe a la vista mientras tomamos un tentempié a la sombra de un pequeño oasis que resiste a la derrota el desierto.

Encontramos todo tipo de piscinas increíblemente radiantes de color, tenemos que bañarnos e ir de una en otra para comprobar que no están pintadas. Esta zona es mucho más solitaria y salvaje y sin la pincelada de turismo pareces estar en otro planeta.

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Fotografía realizada por Lumix GH3

Sin duda, entra en el top 5 de experiencias a realizar en la vida. Hay que visitar los Lençois alguna vez, son de una belleza única y extrema y además tienen la suerte de estar ubicados en Brasil, país donde la gente sonríe y te trata 10. ¿Que más se puede pedir? Nada, pues compartirlo con Sofi, fue lo mejor!

Nos vemos en la próxima entrada por las isla de Fernando do Noronha y el interior de Maranhao. Saludos!

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