¿Porto Galinhas o Ipojuca, Praia dos Carneiros o Tatuamunha? Tu eliges…

Y saliendo de Recife, ¡verde!. La vegetación brasilera explota a la mínima ocasión sin asfalto gracias a esa mezcla de lluvias, sol y tierra fértil.

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

En el estado de Pernanbuco hay dos tipos de verde, el oscuro, del mato, de la selva y la mata atlántica, y el claro, el de los cultivos, el latifundio, la caña de azúcar. Predomina este segundo a la que te adentras un poco en el interior dejando la costa reposar.

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Unos caballos pastan tranquilamente entre los humedales y las plantaciones de caña. Ni se inmutan, el caballo de hierro y su dueño quedan lejos en la carretera.

El serpenteo entre campos nos va a llevar a la famoso spot turístico de Porto Galihnas, donde hay piscinas naturales, tortugas y playas paradisiacas pidiendo fotos y caipirinhas a los turistas.

Duro una media hora ante el espectáculo de playas infestadas de hombres agarrados a una cerveza, selfies femeninos con pose de sirenita y un teatro que presenta un Brasil de pizzerías, precios triplicados y suvenires clónicos.

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Decido seguir pedaleando hasta Ipojuca, el pueblecito de al lado, que goza de los mismo atractivos naturales pero con playas desiertas, precios locales y sin teatro.

Olas, hamacas y rica cena el primer día para calentar. En lugar de acampar, intercambio unas fotos por el hospedaje en una posadita tranquila. Al día siguiente toca un paseo levitando sobre las aguas poco profundas del delta del rio hasta el arrecife y sus increíbles piscinas naturales. Una gozada de relax para el cuerpo y turquesas para los ojos que solo se distraen con el paseo romántico de alguna parejita en plan Adán y Eva en el paraíso. Por las tardes surf y más surf, ¿que más puedo pedir?

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

El tiempo se detiene como tantas otras veces y dejo pasar algunos días más sin ninguna prisa antes de partir hasta otra de las playas mas famosas de Brasil. Praia dos Carneiros.

Es linda si, pero la historia en estos sitios a veces es agridulce. Resulta que el acceso a la playa está privatizado por lujosos resorts exclusivos que viven de vender exclusividad. Tanto es así, que excluyen a los locales, y no me refiero a la fauna, que también, pues los cocoteros y el césped están replantados para que quede todo a la perfección irreal, sino que los habitantes locales están arrinconados y “no se les permite el paso” a no ser que sea personal de “servicio”.

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Hablando con ellos te das cuenta que la herida es profunda, pues perdieron tierras, barracas de pescador y costumbres en manos del alcalde sin escrúpulos de turno que vendió terrenos a los poderosos (en su mayoría extranjeros) bajo promesas de prosperidad. La realidad fue que sin siquiera hablar o negociar arrasaron la zona para reinventarla ajenos a esos molestos locales que les van a fastidiar el negocio si salen en la foto.

Entonces ocurre eso que aborrezco del turismo y que pese a estar al ladito es tan distinto del nómada viajero. Muchos turistas han estado geográficamente en Brasil pero no han visto Brasil. Han visto hamacas suecas, césped importado, locales sumisos que sonríen por propinas, playas reinventadas…

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Esa no es la historia de esas playas, la historia real son comunidades de pecadores, rituales, cuentos, cultura, problemas, fiestas y cicatrices. Eso solo se ve si te mezclas, si aceptas que hay cosas lindas y feas en todo lugar. Esa obsesión por “limpiar” las experiencias de espinas, termina exterminando la realidad. Te has movido de lugar pero no has viajado nada.

Mi ciudad, Barcelona, no es “las ramblas”, allí no habitan apenas barceloneses ni hay restaurantes a los que vayamos, etc.. Brasil es exuberancia no playas con césped hasta la orilla y masajistas japonesas.

“La solución” es ir unos kilómetros más allá para ir andando por la orilla hasta llegar al exclusivo pedacito de paraíso, por suerte entre fronteras, hay algunas fincas que todavía no están construidas y “limpiadas” donde aminoro el paso para que el paraíso real me cale.

Me cruzo con alguna pareja de fasciengañados turistas y con un invisible lugareño que carga un pesado saco. En el mar, (aguas internacionales aun por privatizar) unos pescadores siguen con su ancestral danza de rutina ajenos a Disneylandia.

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Un día es suficiente, sigo pedaleando en busca de paraísos no tan famosos, es decir, el gran resto.

De nuevo pastos, ¿búfalos?, …de algún lugar ha de salir tanta mozzarella en Brasil. Siguen apareciendo playas increíbles en la zona de Japaratinga por las que pedalear a ras de agua por la misma arena, entre esporádicos y tranquilos locales paseando, pescando y sonriendo sin fronteras…

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

Una balsa me cruza el enésimo rio hasta Porto das Pedras. Cocoteros, playas, pueblos, posadas y la suerte del nómada, que me sonríe en Tatuamunha, un pueblo que no aparece en la mitad de los mapas y que me reserva unos días auténticos e inolvidables.

¿Queréis vivir conmigo unos días en barracas de pescadores y salir a pescar de madrugada al arrecife? Os lo cuento en el próximo capítulo… 😉

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Fotografía realizada con una cámara Lumix GH3

pd: Os invito a que conozcáis mi nuevo proyecto Canciones x Kilómetros, en el que se une el viaje con la creación audiovisual.

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